519 - Febrero 2012
10 Enero 2012 - 2 Febrero 2012

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EUROPA

Bajo la bandera de los oblatos en Lourdes

Todos los años casi 1.000 personas viajan a Lourdes, bajo la bandera de los oblatos, en respuesta a la invitación de María a Santa Bernardita que deberíamos venir en procesión. Gerald Bennett, que participó en la peregrinación de este año, comparte su experiencia.

No por primera vez en todos los años que hemos venido a Lourdes, ha llovido torrencialmente cuando llegábamos a Lourdes este año. Como Oblatos hacemos nuestra peregrinación al Santuario en septiembre todos los años siempre en las mismas fechas, independientemente del día de la semana. Siendo más tarde en esta temporada, la lluvia es un riesgo y así fue nuestro comienzo este año.

Todos los años hacemos los mismos ejercicios de peregrinación: la misa en la gruta, las estaciones de la cruz, la misa de la unción, la participación en la procesión del Santísimo Sacramento y la procesión mariana de las antorchas, por lo tanto podéis estar perdonado por pensar que todo eso sea demasiado habitual, siempre lo mismo. Pero no lo es, y eso es uno de los misterios de Lourdes. ¿Qué es lo que hace que cada año sea tan diferente? Para mí la respuesta está clara. Son los ‘invitados especiales’ que tenemos el privilegio de llevar allí y atenderlos todos los años durante más de cinco días. El profundo deseo de muchas personas de llegar a esta gruta en el sur de Francia y de pasar el tiempo allí en oración a la Nuestra Señora y para bañarse en las aguas es algo que es tan difícil de describir. El difunto Padre Willie MCGONIGLE, que era, en sus últimos años, el director espiritual de los invitados especiales, solía decir de Lourdes por lo menos una vez al año durante la misa de la mañana a los trabajadores, que “para aquellos que no lo han sido, no hay palabras; para aquellos que lo han sido, no son necesarias las palabras”. ¡Que maravillosa manera sabia para resumir la experiencia que muchos de nosotros tenemos cuando venimos aquí! La gente viene aquí para confiar en Nuestra Señora, nuestra Madre, a sabiendas de que tiene un oído para escucharlos y para los enfermos, y especialmente los que están enfermos, nuestra Señora tiene un oído muy especial.

Y así, año tras año, el profundo deseo de ir a Lourdes y pasar tiempo en la gruta se cumple cuando aterrizamos en el aeropuerto de Lourdes. A pesar del cansancio que a menudo acompaña la llegada a Lourdes, uno puede ver en los ojos y escuchar en la conversación de nuestros invitados la emoción de que muy prontos estarán a pocos metros de la gruta y en el pueblo elegido por Nuestra Señora y donde se apareció a Santa Bernardita. Los días pasan rápidamente. El sol se asoma en el segundo día y después de eso, los días son hermosos. La peregrinación no tiene porque ser por naturaleza de penitencia; está destinada a ser divertida, dar a nuestros invitados la oportunidad de conocerse y hablar (y recordar el pasado, como sucede a menudo). Para muchos de nuestros invitados, vivir en casa puede ser una existencia solitaria, por lo que durante estos días en Lourdes, queremos que nuestros invitados sepan que estamos interesados en ellos; que si bien no podemos cambiar los días de soledad de la vida de sus hogares, en esos días con nosotros, podemos hacerlos sentir el centro de la atención; que ellos son amados.

Como voluntarios, tenemos mucho que hacer. Llegar a Lourdes es un desafío logístico enorme; asegurarse que todo marche sobre ruedas lleva una gran cantidad de planificación y cooperación, trabajando en conjunto para cada uno de los voluntarios. Para algunos, será la primera vez; para otros, ha sido demasiado larga para recordar. Nosotros trabajamos juntos con un propósito – estar en servicio. Demasiado rápido, una vez más, es hora de volver al aeropuerto. ¿Dónde se han ido los días? A medida que viajamos de regreso al aeropuerto, la previsión de estar en casa es obvia con nuestros invitados, pero también lo son las miradas de nostalgia a medida que dejamos Lourdes por otro año. Sí, tal vez una o dos lágrimas en los ojos de algunos - ¡y no sólo en los de los invitados! (Gerard Bennett en Oblate Connections, diciembre de 2011)



P. Josef Metzler OMI: 1921-2012

El 12 de enero de 2012 el P. Josef METZLER, Prefecto Emérito de los Archivos Secretos Vaticanos, fallecio en Hünfeld, Alemania. Había comenzado su septuagésimo segundo año de oblación y su sexagésimo tercer año de sacerdocio.

Las siguientes palabras de una página web que describe el libro publicado en su honor en 1994, “Ecclesiae Memoria”, describen el singular ministerio que el P. Metzler ejerció durante varios años:

“Ser misionero en la Iglesia de hoy puede adquirir distintas formas y actividades. Una de ellas es la de, con paciente y competencia, reunir, clasificar, valorar, hacer disponible y explotar los documentos y datos que ilustran los campos de evangelización y el celo de los misioneros de la vanguardia que implantaron la Iglesia del Señor entre los pueblos de este mundo. El Padre Josef Metzler, OMI, actual prefecto de los Archivos Secretos Vaticanos, es uno de tales misioneros discretos y especializados...”. (www.thefreelibrary.com)

“Ecclesiae Memoria” fue editado por un compañero oblato del P. Metzler, que entonces era el bibliotecario de la Universidad Urbaniana de Roma, el P. Willi HENKEL.

El P. Metzler estuvo encargado de los Archivos Misioneros de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (“Propaganda Fide”) desde 1966 hasta 1984. Ese año fue nombrado Prefecto para los Archivos Secretos Vaticanos, puesto que ocupó hasta su jubilación en 1996. Durante esos años fue coeditor de “Bibliotheca Missionum” y de “Bibliographia Missionaria” y escribió muchos trabajos de investigación sobre la historia de las misiones. Entre sus escritos son dignos de destacarse los dos volúmenes de los Sínodos para las Iglesias locales de Asia: “Die Synoden in China, Japan und Korea (1570-1931)”;Die Synoden in Indochina (1625-1934)” y la obra en tres volúmenes: “Sacrae Congregationis de Propaganda Fide Memoria Rerum” de la que fue editor.



Recordando a un compañero

El Padre Nino BUCCA, Director del Servicio Oblato de Comunicaciones y administrador del sitio de internet www.omiworld.org escribió una breve nota en homenaje a uno de sus compañeros del escolasticado, recientemente fallecido a una edad muy joven.

El Padre Angiolino DI LIZIA es el segundo de mis compañeros del escolasticado a haberse ido a la comunidad del cielo, después del Padre Giovanni SANTOLINI. Falleció a la edad de 58 años, en la noche entre el 18 y el 19 de enero, tras una larga batalla contra la leucemia.

Los primeros recuerdos que me vienen a la mente son un par de meses que pasamos juntos en Lourdes en el lejano 1978 y algunos de nuestros intentos locos para armar algunas frases en francés; su apasionado amor por el equipo de fútbol de Milán; y su impaciencia cuando se enfrentaba con los aficionados de otros equipos.

Como sucede a menudo para muchos de nosotros, nuestra vida apostólica nos separa durante mucho tiempo. Me encontré nuevamente con él como párroco en un barrio, mientras trabajaba con los pobres en una iglesia que debía incluso construirse. Después me lo encontré una vez más durante su tesis de licenciatura, cuando tuve que escribir un artículo sobre la comunidad de Marino que en los años 70 y 80 ha traído nueva energía a la provincia italiana. Sus escritos dan una idea clara de lo bien que conocía dicha experiencia: “El Centro Juvenil de Marino no es el lugar donde se cultivan las vocaciones oblatas; no es un tipo de seminario más abierto sino que es un lugar donde una comunidad religiosa ofrece a los jóvenes la posibilidad de tener una experiencia comunitaria y evangélica en libertad y con participación, ayudándolos en la búsqueda y confirmación de sus proyectos de vida […] En la base de la experiencia de Marino, existen dos realidades fundamentales: el descubrimiento de un hermano como miembro del Cuerpo de Cristo, llamado a un común seguimiento del Maestro, y el amor recíproco que la presencia del Señor nos engendra […]”. Luego nos hemos encontrado de nuevo, hace algunos años, en su misión final, la comunidad de Palermo en Sicilia. Todas las veces, me ha dado la impresión de una persona que se hacía cada vez más madura, cada vez más arraigada en Dios.

Durante su enfermedad, sus feligreses fueron la imagen de su párroco: con afecto y gratitud, junto con la comunidad oblata, lo ayudaron las 24 horas del día. Desde la noche de Navidad de 2011, el día de su última misa, hasta el final, la comunidad parroquial, detuvo su curso, tratando de avanzar en todos los programas desarrollados por el párroco y el consejo parroquial.

A eso de las 23:30 del 18 de enero, un párroco vecino se unió a los oblatos y algunos de los fieles que estaban presentes con Angiolino en su lecho de muerte. Él también quiso rezar el “Padre Nuestro” y luego, el “Ave María”. Inmediatamente después de las palabras, “ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte”, con suavidad emitió su último respiro.

Dejó escrito: “Lo que queda en la vida es una unión con Dios cada vez más profunda y cada vez más madura, que te lleva a volver a enfocar, todo momento para vivir dentro de la humanidad de hoy, como personas que están en el mundo y no que son del mundo. Se trata de una relación personal con Dios donde Él es todo en nuestra vida y nosotros no somos nada, pero que nos llena de su Amor para que podamos ser Su presencia viva entre las personas con quienes entramos en contacto […] He intentado nunca romper la unidad con los hermanos y de hacer que dicha unidad no faltara nunca entre nosotros […] En mi ministerio, he experimentado que lo que cuenta no es la actividad sino el ser la presencia viva de Jesús, porque es Él el que toca nuestros corazones y nosotros sólo somos instrumentos en sus manos”.



El escolasticado dedicado a los mártires oblatos españoles

El 14 de enero, durante la celebración de la Eucaristía presidida por el Padre General, la casa y la comunidad del escolasticado de Vermicino se dedicaron a los mártires oblatos españoles.

La idea, que se concretó pocas semanas después de la beatificación de los mártires de Pozuelo, ha crecido desde el día en que se anunció la beatificación. La idoneidad e inspiración llegó de otro escolasticado oblato, concretamente el de Pozuelo, que como comunidad ofreció su mayor testimonio por Cristo Jesús, junto con su padre provincial (Francisco Esteban Lacal) que se quedó con todos los miembros, escolásticos y formadores, como un verdadero hermano mayor, así como también, un laico (Cándido Castán).

En el contexto de la unificación de las provincias de Italia y España, que en un cierto modo ya se había anticipado en Vermicino, donde los estudiantes oblatos italianos y españoles habían estado viviendo juntos durante muchos años, este gesto parecía natural y no solo apropiado.

El título elegido “Mártires Oblatos” lleva también a simbolizar los lazos de la comunidad con todos los otros hermanos de las diversas partes del mundo, los muchos que han dado sus vidas por la misión. Para los miembros de la comunidad del escolasticado, todos nuestros hermanos mártires son verdaderos modelos de vida y oblación.

En la homilía del Superior General, él dijo: “No hay duda sobre el hecho de que somos misioneros y de que estamos invitados a proclamar el Evangelio a los pobres. Pero somos también siervos y amigos de Jesús, y la misión es Suya. Es esencial e indispensable que lleguemos a ser apasionados de Dios. Yo creo que es necesario que Dios se apodere de nosotros y nos seduzca y se adueñe de nuestro ser para poder pertenecer a Él. Esta pasión será nuestra motivación para crecer como personas maduras desde el punto de vista humano y también como misioneros que sacrifican sus vidas y hacen de ellas una ofrenda a Dios, al Evangelio y a la iglesia. Eso fue lo que motivó a los mártires oblatos."

A partir de ahora, viviendo en una comunidad que lleva su nombre, será una fuente de motivación renovada para nuestro compromiso con la formación. (Escolástico Gianluca RIZZARO)



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