533 - Mayo 2013
26 Marzo 2013 - 5 Mayo 2013

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ASIA-OCEANÍA

Norte – Sur: el punto de vista de un misionero

Varios amigos me han pedido novedades sobre la situación en Corea. Trataré de expresar brevemente una situación difícil y compleja mientras yo mismo trato de comprenderla.

Hay mucha tensión entre el norte y el sur de Corea. Todos los años, en la primavera cuando el ejército estadounidense y el ejército de Corea del Sud llevan a cabo ejercicios militares conjuntos, la tensión aumenta y se expresa, a veces, en actos de provocación: el hundimiento de un buque de guerra, el bombardeo de las islas cercanas a la frontera, el lanzamiento de mísiles de corto alcance. Lo que estamos viviendo en estos días se convierte, por lo tanto, en algo rutinario. (Vincenzo BORDO)



Para inculcarles un poco de coraje

Extractos de la carta de Navidad del Hermano Bernard WIRTH, quien ha sido durante más de 40 años un misionero entre los pobres de Asia.

Alrededor mío, veo todo mucho peor... sobre todo en el Centro de Detención de Bangkok donde paso dos veces por semana. Es verdad que el año pasado estaba pensando en involucrarme aún más. De hecho, contrariamente a lo esperado, me he inscrito en la universidad. ¡Un nuevo contracto por cinco años! He dudado y pensado mucho acerca de eso. He obtenido mucha presión por parte de mis compañeros: he estado trabajando allí durante más de 40 años, y eso también me permite contribuir de manera significativa en la financiación de la conservación de nuestros chicos jóvenes en el hogar…

Por otro lado, no me veía trabajando a tiempo completo en el Centro de Detención. Es verdad de que hay mucho trabajo por hacer, pero al estar allí dos días por semana, ya me sentía abrumado y agotado en ese ambiente donde las personas que son tan miserables y están tan desesperadas están encerradas con los problemas que se acumulan diariamente y con tan pocas soluciones... cuando me encuentro con los presos, veo lo mucho que necesitan a alguien que tenga la energía suficiente para escucharles, compartir su dolor e inculcarles el coraje para seguir sobreviviendo… ¡Cómo podría hacerlo yo mismo si ya estoy agotado! Es por eso que siempre trato de acercarme a ellos con una sonrisa, y en cada visita al Centro, mi vestimenta es por lo menos la de un profesor universitario; veo en eso una señal de respeto hacia los presos y siempre me digo que ellos se merecen aun más respecto que mis alumnos de la universidad...

La semana pasada tuvimos el permiso de celebrar Navidad y Año Nuevo en el Centro. Los primeros cien presos, que representaban 14 habitaciones (hay aproximadamente 1200 de ellas), llegaron juntos, africanos, chinos, vietnamitas, coreanos, paquistanís, Hmong, nativos de Sri Lanka y occidentales oraron y cantaron en sus respectivas lenguas y religiones. A continuación la policía nos dejó entrar de diez a quince minutos en cada habitación para cantar con ellos, desearles una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo, darles una señal de amistad y un pequeño regalo…cada vez que entro en una de las habitaciones donde ellos viven uno encima del otro en condiciones terribles, me conmueve muchísimo y no puedo hablar cuando nos saludamos con la mano… y mis compañeros también se emocionan de igual manera, sobre todo desde que se les ha negado el derecho a recibir visitas hace dos meses …pero ese es un problema que espero se pueda resolver…

Hay más malas noticias, como la de Leonardo, un amigo que estuvo encerrado en el Centro de Detención durante cuatro años, y al que yo había logrado pagar la fianza. Refugiado político, víctima del genocidio en Ruanda, le hemos dado la bienvenida en nuestro hogar durante nueve meses hasta que colapsó psicológicamente y se vio obligado a regresar al Centro, una locura…… también pienso en aquellas familias Hmong de Vietnam, encerradas durante casi dos años, con todos sus niños pequeños que no entienden porque están día y noche detrás de las barras... debería también mencionar a mis amigos birmanos que trabajan en mi barrio y a otros en todo el país: sin papeles y, por lo tanto, explotados cruelmente.

Sí, la vida no es siempre bella para mucha gente y mi preocupación cuando estoy con los jóvenes aquí en casa o con los estudiantes en la universidad es la de llamar la atención a este mundo de miseria que está siendo fácilmente ignorado. Pero debo detenerme aquí: es verdad que ustedes, todos ustedes que son mis amigos, tienen también muchas preocupaciones. Espero que el año 2013 les llene de mucha alegría y les de la oportunidad de aliviar el dolor de los demás. (Audacieux pour l’Évangile, abril de 2013)



Cuando la justicia no es justa

El Padre Maurizio GIORGIANNI, de la Misión de los Oblatos en Corea, reflexiona sobre una triste experiencia de la misión.

Durante los últimos cuatro meses he ido y venido de Chollado para ayudar a una familia multicultural. El tema era triste porque la pareja se estaba preparando para divorciarse. La mujer necesitaba a alguien que la ayudará con la traducción para entender las preguntas presentadas por los tribunales.

Para mí esta ha sido la primera vez que he ido muchas veces a los tribunales. A veces he tenido la sensación de no estar en el lugar apropiado. Como sacerdote se supone que debo unir a la gente y no separarla, pero mi papel en los tribunales ha sido el de traductor.

Las familias multiculturales suelen pertenecer más a la clase más pobre de la sociedad. Después de conocer la historia de su matrimonio, pude entender el dolor y el sufrimiento de cada uno de los miembros de la familia, sobre todo el de la madre que llevaba algunas heridas físicas y psicológicas. Cada vez que iba al tribunal, llegaba a conocer mejor a la familia y también su situación. Estaba pensando mucho más en los niños de dicha familia. La última vez que me reuní con esa familia, era momento de que la pareja decidiera sobre el rumbo de su futuro y también sobre el de sus hijos. Antes de que el tribunal tome una decisión, se deberá discutir cada uno de los detalles del divorcio.

El día después de que se aprobará la resolución, regresé a mi hogar profundamente triste. Estaba pensando que seguramente el problema entre ellos dos se resolvió; sobre todo para la mujer: de ahora en adelante ella no iba a recibir más golpes ni gritos. Ahora que están divorciados pueden vivir en paz. El amor se había convertido en odio y el egoísmo ha dividido a la familia.

¿Pero ha sido el divorcio la solución correcta al problema? Mi impresión es que los dos estaban completamente heridos internamente y no podían pensar en otra cosa que no fuera en el divorcio. ¿Pero una vez más, la resolución ha sido correcta y justa? ¿Se hizo justicia para ellos? Eso es lo que yo me pregunto. La justicia humana en cierta medida puede ayudar a que la situación cambie pero la justicia de Dios no.

Sucede cuando es tan difícil resolver un problema, que salimos en busca de asesoramiento y una solución. A veces pensamos que si queremos realmente perdonar al otro, perderemos nuestra dignidad y sufriremos más consecuencias. Pienso que la verdadera solución a nuestro problema llega sólo si cambiamos el rumbo de nuestro corazón. (Far East Star: Boletín de Noticias Japón-Corea, marzo-agosto de 2013)



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